La ilusión de los padres de María José era que se acercara a la Virgen y que algún día fuera camarera de la Virgen de los Dolores.
Porque hay recuerdos que no se olvidan… lágrimas que hablan de fe, de promesas y de un amor a la Virgen que se transmite de padres a hijos.
Aquella primera mirada, aquel Viernes de Dolores, quedó grabado para siempre en el corazón. Momentos que comienzan como una vivencia y terminan convirtiéndose en parte de tu vida.
«Que siempre nos proteja y nos tenga bajo su manto, como la Madre que es.»
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