Hoy, con motivo de la Solemnidad de San José, nos trasladamos a nuestra sede canónica, la Iglesia Parroquial De San Pedro y San Pablo. San José, el hombre justo, humilde y trabajador que Dios eligió para ser el custodio de la Sagrada Familia, se encuentra en la capilla de Nuestra Señora de los Dolores, ocupando un lugar especial a su derecha, como signo de su cercanía y amor protector.
Así como en la tierra estuvo siempre junto a María, guiándola y sosteniéndola con su fe y trabajo, lo contemplamos a su derecha, recordándonos que su misión no terminó con su vida terrenal. San José sigue siendo nuestro protector y guía, un modelo de entrega silenciosa y confianza en Dios.
En este tiempo de Cuaresma, su ejemplo nos invita a vivir con humildad y a abrazar con amor la voluntad del Señor. San José no tuvo grandes discursos ni prodigios, pero su fe inquebrantable y su corazón obediente fueron su mayor testimonio.
“José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que en ella ha sido concebido es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.” (Mt 1,16.18-21.24a)
